EL LADO OSCURO DEL CAPITALISMO COLOMBIANO

EL LADO OSCURO DEL CAPITALISMO COLOMBIANO 

A la vertiente del capitalismo de sangre que impera en varios departamentos y municipios de Colombia se le quiere juntar la vertiente capitalista del sudor y las lágrimas

“Este país es una lavandería que convierte la maldad en efectivo”. Lo dice Logan Roy, patriarca de un poderoso, rico y depravado clan familiar. A su lado está Gil Eavis, un candidato socialista que aspira a transformar al capitalismo desde la oficina oval de la Casa Blanca. Los dos hombres fijan la mirada sobre un viejo castillo en el que se celebra el matrimonio de la hija del magnate. Se casa con un imbécil. Una fiesta capitalista. Boato, negocios, estafas, sexo, truhanes, cuernos, corrupción y cocaína. Una fiesta capitalista en todo su esplendor y decadencia. Los criados, camareros y choferes esperan a que les caiga alguna propina. Nada. Los millonarios no llevan plata en los bolsillos. Su dinero y sus vidas están plastificadas.

Lo anterior ocurre en Succession la serie de HBO (2018-19). Un fresco sobre la parte más asquerosa del capitalismo. Logan Roy, propietario de un conglomerado de medios, describe a su mundo como una lavandería en la que se enjabona y friega el dinero manchado. Una lavandería como Colombia. Un país que, según fuentes de Naciones Unidas, produce el 70% de la cocaína que se consume en el mundo. Un país cuyo enemigo, según el consejero de seguridad del gobierno Rafael Guarín, no eran las Farc sino las economías ilícitas: minería ilegal, contrabando, marihuana, tráfico de maderas, cocaína, contratación pública amañada, amapola para opio y heroína, despojo y venta de tierras. Es la vertiente criminal del capitalismo. La que vierte sangre. La que ha determinado y sigue determinando la política y el listón de valores de la sociedad colombiana.

Mientras el gobierno colombiano anuncia por enésima vez una estéril lucha contra las drogas, una plataforma (Business Roundtable) que reúne a 181 ejecutivos de las mayores corporaciones capitalistas de Estados Unidos trata de encontrar salida a la crisis que asoma por el horizonte. Llegan con retardo. Desaceleración, cambio climático, migración, desmantelamiento del estado de bienestar, despidos masivos, incremento de la violencia urbana. Hay mucho enfado entre lo que va quedando de la clase media y los trabajadores. Viven al límite. No hay manera de ahorrar. Los giletsjaunes (chalecos amarillos) en las plazas y calles de Francia, por ejemplo, sintetizan ese enfado. No han bajado los brazos desde el otoño de 2108. Desconfían de los operadores políticos profesionales. Confían sólo en los de ellos. En los que viven como ellos. En los que hablan como ellos. Hay que circular los bienes y las fortunas para superar las groseras desigualdades del hipercapitalismo, escribe Tomas Piketty en Capital e ideología, su más reciente obra.

A la vertiente del capitalismo de sangre que impera en varios departamentos y municipios de Colombia se le quiere juntar la vertiente capitalista del sudor y las lágrimas: el fracking. Cocaína y fracking. Dos negocios capitalistas. Depredadores. Quitan vidas y contaminan la vida. En esas anda Colombia. Entre gánsteres y mafias políticas. Dos poderes al que es imperioso anteponer un contrapoder genuino. Un contrapoder para salvar la vida y el planeta.

Yezid Arteta Dávila

* Escritor y analista político

En Twitter: @Yezid_Ar_D

Enlace en Revista SEMANA:

https://www.semana.com/opinion/articulo/el-lado-oscuro-del-capitalismo-colombiano-columna-de-yezid-arteta-davila/633394?fbclid=iwar2tr3j5vkasmvjtsz0xt8zszfm42pc3xoaqopauocw5il0upvlemycomog

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