Quitate de la vía…

Quitate de la vía…

Los gobernantes colombianos se prestan para toda clase de negocios. ¿Qué se trae el gobierno con el cuento del tren? ¿Qué se trae Kike Peñalosa con el cuento de los autobuses diesel?

Llueve. Las ráfagas de viento acribillan los ventanales. Martín encuentra la excusa perfecta para no ir a clases. El mullido y costosísimo sofá que su madre está pagando a plazos es una delicia. La modernidad le permite hacer varias cosas a la vez. Reales y virtuales. Sigue una serie por la tele, chatea con una amiga que está terminando con su pareja y acaricia a la gata. La gata se ha ido a mear a la arenera. Estira la mano y agarra El Heraldo, el periódico que está en la mesa de centro y llega por inercia hasta el apartamento en el que vive con su madre y el insoportable novio de su madre.

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Desde que El Heraldo cambió de dueño y murió Ernesto McCausland, los casos de corrupción en Barranquilla no parecen interesarle. Parece que les va mejor haciendo folclorismo que periodismo. Martín chatea con una mano y con la otra pasa las páginas de El Heraldo. Le causa atención un titular: “La vicepresidenta del país felicitó a todos quienes hicieron posible la llegada del tren”. La nota va acompañada de una fotografía en la que se observa a una locomotora de siglo incierto arribando al puerto de Santa Marta, mientras algunos curiosos filman con sus celulares la inusual escena.

Martín queda desubicado. Parecía estar leyendo un pasaje de Cien años de soledad, como aquel en el que un tren lleva en sus vagones tres mil cadáveres que son arrojados al mar como si fueran racimos de bananos. Quizá se trate de la filmación de una película de época, puesto que la locomotora es viejísima o de un remake de Quitate de la vía perico de Ismael Rivera y Cortijo. Puede que el tren pertenezca a un circo de pueblo que trae saltimbanquis, tragafuegos, la mujer barbuda y los siete enanitos. Martín está siguiendo 3 %, la extraña serie brasileña que ocurre entre el progreso y la devastación. Deja el periódico y sigue con la tele y el chateo. La gata ha vuelto y se echa sobre las páginas del periódico.

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La vicepresidenta de Colombia Marta Lucia Ramirez y la ministra de transporte Ángela María Orozco, estuvieron en el puerto de Santa Marta para hacerse la foto junto a la locomotora. El tren, un artilugio de la Revolución Industrial ocurrida en el siglo XVIII, lo traen como una novedad del siglo XXI. En Colombia, bien o mal, hubo trenes. Cinco lineas férreas que cubrían igual número de regiones. Hubo una empresa estatal que se llamó Ferrocarriles Nacionales de Colombia (FNC) que fue liquidada en 1991 para favorecer a la industria automotriz. Los liquidadores del patrimonio del Estado fueron los partidos que han gobernando a Colombia. La vicepresidenta pertenece a uno de esos partidos. Esos partidos siguen gobernando a Colombia.

En las playas de Indonesia encontraron el sábado pasado el cadáver de un cachalote de 9,5 metros. Los veterinarios le abrieron el estomago. Encontraron un millar de piezas de plásticos, entre ellas 115 vasos, 25 bolsas de gran tamaño y 2 chancletas. Contaminación marina. Millones de toneladas de residuos plásticos. En colombia liquidaron el tren, el tranvía y los troles eléctricos para reemplazarlos por vehículos contaminantes. Kike Peñalosa, el alcalde de Bogotá, sigue contaminando a Bogotá con sus obsoletos motores diesel. Colombia es un paraíso para las compañías que quieren deshacerse de la chatarra. Los gobernantes colombianos se prestan para esa clase de negocios. Los pulmones de los colombianos pagan las consecuencias de los disparates de los políticos.

¿Qué se trae el gobierno con el cuento del tren? ¿Qué se trae Kike Peñalosa con el cuento de los autobuses diesel? ¿Devastación? ¿Progreso? ¿Chanchullos? Lo sabremos en unos años. Por ahora: quitate de la vía perico, que ahí viene el tren.

Enlace en Revista SEMANA: https://www.semana.com/opinion/articulo/proyecto-del-tren-cafetero-en-colombia-columna-de-yezid-arteta/591696

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