Entrevista a Diario GARA

«No creo que en Colombia sea vendible la posibilidad de retornar al conflicto»

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El analista y columnista Yezid Arteta, exiliado en Barcelona, afirma que la reciente campaña electoral presidencial en Colombia ha supuesto una «especie de primavera política» para el país. Destaca los más de ocho millones de votos logrados por la coalición Colombia Humana de Gustavo Petro. En entrevista con GARA, resalta los cambios en el mapa político y el hecho de que el uribismo haya perdido parte de su poder hegemónico.

¿Cómo valora esta última campaña presidencial?

Ha sido la más importante de los últimos 50 años en Colombia por varias razones. La primera, porque el grado de participación ha sido formidable para un país donde la abstención ha sido la regla general y, en segundo lugar, porque por primera vez ha habido una confrontación de ideas. Ha sido también una campaña en la que ha habido una participación interesante de la juventud colombiana que tradicionalmente ha sido abstencionista. Colombia encontró en esta campaña una especie de primavera política.

¿Qué ha impulsado a los jóvenes a involucrarse?

La figura de Gustavo Petro. En América Latina, una de nuestras principales características es el fenómeno en el que un individuo logra en un determinado momento de la historia llegar a los corazones de los pueblos y con un discurso pedagógico e hilvanado devolver la mirada hacia la política. El mérito principal no ha venido de la campaña de la derecha o de Duque, en la que estaban representados los mismos sectores de siempre, sino de Colombia Humana. Ha habido una participación de jóvenes que ni siquiera pudieron votar pero que se vieron involucrados y quedarán tatuados en el futuro del movimiento político y social que representa Colombia Humana.

Tras conocerse la victoria de Duque, el jefe de campaña de Petro lamentó que más de diez millones de colombianos hubiesen votado por el regreso a un pasado uribista, que estuvo marcado por escándalos como el de los falsos positivos, la parapolítica, el espionaje a periodistas, jueces y activistas…

Si revisas los procesos en los que estuvo involucrado Álvaro Uribe como candidato presidencial, verás que su triunfo se produjo en primera vuelta por goleada. La diferencia entre Uribe y los candidatos que compitieron con él fue abismal. Colombia Humana logró una votación por encima de los ochos millones de colombianos. Y hubiera podido ser superior si no se hubieran presentado algunas voces titubeantes dentro del centro-izquierda, como es el caso de Sergio Fajardo o de Jorge Robledo, que pidieron el voto en blanco. Por tanto, hay unos límites para lo que pueda hacer el uribismo a través del mandato de Duque. Su victoria no es una patente de corso, no tiene luz verde para aplastar y pasar por encima de un electorado que, a diferencia de otros momentos, tiene un grandísimo nivel de politización. Las cosas no pintan de color de rosa para el uribismo en esta nueva versión. Si observamos la campaña de Colombia Humana y la de Duque, podríamos decir que se trató de lucha desigual. Era enfrentar a toda la maquinaria del Estado y a todos los varones y caciques políticos del país, que se juntaron en una misma fotografía en favor de Duque, con el apoyo unánime de todos los medios de comunicación importantes de Colombia. Realizar una campaña bajo esas circunstancias y con el fenómeno de Venezuela repercutió en el resultado electoral. No creo que sea cierta esa versión pesimista de que el país se decidió por los falsos positivos, contra el proceso de paz o por el autoritarismo. No todos los que votaron por Duque son uribistas. El Gobierno va a tener una situación muy complicada porque seguramente deberá afrontar grandes movilizaciones sociales en la calle. El mapa político del país no es homogéneo. En el pasado, casi todo el territorio nacional era uribista. En esta ocasión, hay departamentos completos en los que ganó la Colombia Humana de Petro. Y el voto metropolitano fue para Colombia Humana. Ganó de manera contundente en tres de las cuatro grandes capitales del país. Desde el punto de vista de las ciencias políticas y del márketing político, esta campaña merece un análisis aparte. Vamos a encontrarnos con situaciones novedosas dentro de la política colombiana.

¿Cómo valora el papel de lo excandidatos presidenciales Sergio Fajardo y Humberto de la Calle que, pese a defender los Acuerdos de La Habana, pidieron el voto en blanco en la segunda vuelta presidencial?

Con esa posición ambivalente han quedado excluidos del futuro político. Demostraron que países como Colombia necesitan líderes que tengan mucha entereza para tomar decisiones. Fue una decisión incorrecta. Colombia Humana tuvo que hacer un trabajo pedagógico para lograr el mayor número de votantes entre quienes optaron por Fajardo en la primera vuelta –quien quedó en tercer lugar–. Si hubieran facilitado las cosas, los resultados electorales hubieran sido diferentes.

En su primer discurso Duque no habló de «hacer trizas» los acuerdos de paz con las FARC sino de «hacerle correcciones».

Creo que la totalidad de los acuerdos de paz fueron hechos trizas por este Congreso, que acabará su mandato este viernes. Los elementos esenciales del acuerdo han sido reformados de manera radical por los congresistas. Hacer trizas lo que ya está hecho trizas es bastante redundante. El tema fundamental no tiene que ver con la ambivalencia entre guerra y paz. Incluso el mismo uribismo ha quedado atrapado en el discurso de la paz. No creo que en el país pueda ser vendible la posibilidad de retornar a una situación de conflicto. Está pendiente la negociación con el ELN. He escuchado a Duque decir que continuaría el proceso siempre y cuando hubiese una concentración de las unidades del ELN bajo veeduría internacional y hasta ha planteado la posibilidad de reunirse con el excomandante y presidente de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, Timoleón Jiménez. Una cosa es el discurso durante la campaña y otra cuando hay que ejecutar toda una serie de políticas relacionadas con temas álgidos para la sociedad. El uribismo tiene una fuerza importante dentro del Congreso, pero también hay una fuerza importante de los sectores de centro-izquierda que, sumada a alguna fuerza del Partido Liberal, puede hacer ciertos equilibrios.

Duque ha afirmado que no titubeará a la hora de firmar la orden de extradición a EEUU del exnegociador y comandante de las FARC Jesús Santrich, preso en La Picota, porque «quien la hace la paga». ¿Algo esperable?

El mismo Petro anunció que en el caso de que alguno de los miembros de las FARC u otra persona cometa un delito contemplado en los acuerdos de extradición, él también procedería a hacerlo. En ese sentido, no había ninguna diferencia entre uno u otro candidato. En Petro lo que había era una especie de modulación en el sentido de que había que respetar todo lo que es el ordenamiento jurídico colombiano pero, a su vez, la Jurisdicción Especial para la Paz. El de Santrich será uno de los temas que marcará el derrotero del Gobierno de Duque.

¿Ve factible su extradición?

Sí, porque la FARC como partido político ha quedado bastante flaca, no tanto por el incumplimiento del Estado, como porque el discurso empleado por las FARC cuando se convirtieron en partido político fue bastante sesgado, estuvo dirigido a una militancia de izquierda muy reducida. La candidatura de Colombia Humana ha demostrado que hay audiencia y espacio para un proyecto político de gran envergadura, con un sesgo democrático, abierto, progresista, avanzado, cosa que las FARC no supieron interpretar. Por el contrario, hicieron un planteamiento muy cerrado.

Duque quiere unificar las cortes. ¿Qué pasaría con la Jurisdicción Especial para la Paz?

La Cámara de Representantes acaba de aprobar la reglamentación de la JEP. El presidente Juan Manuel Santos ha convocado de urgencia a todos los diputados y senadores a que de aquí a que termine la legislatura se pueda tramitar todo lo pendiente de la JEP. No sé hasta qué punto se pueda cumplir ese llamado, pero no creo que haya una aplanadora en el Congreso. Es un Congreso que se mueve por intereses locales y regionales y muchos de los parlamentarios están haciendo lectura de su futuro en las elecciones regionales y locales de 2019. En Colombia un grupo de parlamentarios hoy puede estar en la oposición y mañana con el Gobierno. Los partidos políticos tal y como están configurados en Europa no existen en Colombia.

¿Qué cree que ocurrirá con los diálogos con el ELN?

En lo que respecta a las negociaciones y resolución de conflictos, muchas veces ha primado una idea dentro de la gente dedicada a la mediación del conflicto y es que cuando hay algún tipo de negociación, la fuerza insurgente tendría muchísimas más posibilidades de alcanzar un acuerdo sólido cuando se negocia con la parte más dura de la contraparte. La negociación con las FARC se hizo con una parte del establishment, pero la parte dura, la que tuvo mayor involucramiento en la guerra, que es el sector del uribismo, casi no estuvo. En El Salvador, por ejemplo, las negociaciones se hicieron con los sectores más recalcitrantes del poder. No soy adivino pero creo que se van a acortar los tiempos. Creo también que este nuevo Gobierno será un poco de ultimátum. No va a desechar la negociación con el ELN porque querrá obtener un logro y presentar ante la opinión pública nacional e internacional que ellos también le están apostando a la paz y un acuerdo con el ELN sería bien visto y, por supuesto, para el ELN sería incluso una mayor garantía porque se estaría firmando con la parte del establishment que ha sido renuente a alcanzar un acuerdo más o menos similar al que se logró con las FARC.

Enlace de la entrevista en GARA: https://www.naiz.eus/eu/hemeroteca/gara/editions/2018-07-18/hemeroteca_articles/no-creo-que-en-colombia-sea-vendible-la-posibilidad-de-retornar-al-conflicto

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