Voto en blanco y uribismo sociológico

El mito de los extremos (Duque/Petro) popularizado por el monopolio de medios, no es más que un truco para desmovilizar a un parte de los diez millones de ciudadanos que el pasado 27-M votaron contra las mafias políticas

Para la cita electoral del 17-J, Sergio Fajardo y Humberto De la Calle proponen a Colombia una escueta página en blanco. Durante su campaña presidencial, en cambio, presentaron a los electores cientos de páginas emborronadas. Pidieron al público que hicieran una bulla y ahora le piden silencio. ¿Cómo se explica este regate? Diego, un ciclista que lleva un bar en Pereira, tiene una explicación sencilla sobre este cambio de parecer: los manes están despechados.

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A lo lejos Fajardo y De la Calle parecían hombres de Estado, pero viéndolos de cerca, tocándolos, vemos que son individuos frágiles, demasiado humanos para enfrentarse al dragón. Son dos personas honorables, acreedoras de nuestro respeto. Punto. Para entrar hasta la cueva del dragón no basta la honorabilidad, es menester el coraje. Con la mera honorabilidad se puede hacer política y triunfar en países como Islandia, Suiza, Finlandia o Noruega en los que el listón de valores está determinado por la austeridad y la sensatez. Para dirigir a Colombia se requiere honorabilidad, pero principalmente coraje. Petro, tiene la honorabilidad de Fajardo y De la Calle, amén del coraje. Ese coraje que tiene la inmensa mayoría de colombianos que han forjado sus trayectorias de vida a base de empeño.

Revisando los programas de Fajardo, De la Calle y Petro, nada haría pensar que estuvieran en proyectos diferentes, es más, parecieran pertenecer al mismo parche. Un parche de más de diez millones de colombianas y colombianos que el pasado 27-M derrotaron al muñeco de paja del uribismo sociológico. La triada programática de Fajardo (anticorrupción, reconciliación y educación) es intrínseca al carácter de Petro. La tetralogía de Humberto De la Calle (Energías renovables, preservación de los ecosistemas sin minería en los páramos, ecoturismo y desarrollo sostenible) es el núcleo del programa vanguardista que ofrece Colombia Humana. Por contenido programático, Fajardo, De la Calle y Petro, serían compañeros de viaje.

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El mito de los extremos (Duque/Petro) popularizado por el monopolio de medios, no es más que un truco para desmovilizar a un parte de los diez millones de ciudadanos que el pasado 27-M votaron contra las mafias políticas. El voto en blanco es una insensatez, es jugar con las llamas, es darle una tregua de cuatro años al dragón para que recupere sus lenguas de fuego. Los asesores de marketing del candidato Duque deben estar frotándose las manos de felicidad ante la ocurrencia del voto en blanco. En política es indispensable mantener la coherencia, pero sin caer en la ingenuidad. A las mafias políticas les importa un chorizo el simbolismo político, para ellos un voto en blanco es uno más para su candidato.

El mito de la polarización está sustentado en meros chismes. Las tertulianos de la radio y la televisión cuando se refieren al tema lo hacen con tal grado de frivolidad que a veces me recuerda a esos hechiceros que vaticinan el futuro a través de los posos del café. La tertulia que organizó María Jimena Duzán para la revista SEMANA sobre el voto en blanco, por ejemplo, no fue más que una caja de grillos de la que obviamente no salió nada, porque no hay quien pueda argumentar con refinamiento la oportunidad de la papeleta en blanco.

Las cosas, Viejo Topo, son más sencillas de lo que parece. La tal polarización no existe. Son dos candidatos en liza. Un candidato puesto allí por el uribismo sociológico, en oposición a Petro, el líder de Colombia Humana que aspira a modernizar al país. Así como hay un franquismo sociológico en España, un pinochetismo sociológico en Chile y un fujimorismo sociológico en Perú, en Colombia hay un uribismo sociológico resultado de una situación de violencia resuelta con violencia que fue aceptada por una parte de la población. Al uribismo sociológico le queda una larga vida porque cuenta con una votación estatua que irá adelgazándose por mera evolución generacional. El 27-M fueron minoría, pero si somos tontos, el 27-J pueden volverse mayoría.

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El relato del voto en blanco, Viejo Topo, está más cerca de lo que parece a la narrativa oficial. Es un voto que niega el pasado. Un voto adanista. Un voto ahistórico. Un voto excluyente. Un voto que niega la posibilidad a que millares de colombianos tengan derecho al pan, la tierra y la libertad. Puede que tú, Viejo Topo, tengas asegurado el pan, la tierra y la libertad, pero no estaría mal que, por caridad -como en el cuento de Rulfo- eches una mano por los que no tienen ni lo uno, ni lo otro, ni aquello otro.

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La narrativa de Petro es diferente e inmensamente superior a la del uribismo sociológico y a la del voto en blanco. No excluye a nadie. Recupera mojones históricos, necesarios para el quehacer político de hoy. Es muchísimo más coherente con los reclamos de las nuevas generaciones. Integra las demandas de los habitantes metropolitanos con el drama de quienes habitan en la periferia territorial. Acopla lo cosmopolita con lo vernáculo. Piénsatelo, Viejo Topo.

Enlace Revista SEMANA:  https://www.semana.com/opinion/articulo/voto-en-blanco-y-uribismo-columna-de/570295

 

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