Santos y Timoleón: por el aro del establecimiento

Las FARC han alcanzado su punto de maduración política y acoplaron su discurso, lenguaje y estética a los tiempos que corren

En alguna parte escuché el cuento. Un oso cae en una cruel trampa de hierro. Una especie de cepo aprisiona una de sus extremidades. El oso toma la decisión de comerse la pata para liberase y lo consigue. Unas horas después, el oso, recostado sobre un árbol que crece a la orilla de un río, muere desangrado. El oso tomó una decisión y no esperó a la llegada del cazador. A eso se refiere Rubén Blades en su canción ochentera Decisiones, del álbum Buscando América. Las decisiones a veces cuestan, pero hay que tomarlas para que no te tilden de cobarde.

El establecimiento colombiano debe tomar una decisión en los próximos seis meses. Congresistas, Cortes y alto funcionariado del Estado deben producir una breve y diáfana legislación que lleve a la exclusión de la violencia en la política y unos fallos que faciliten la reconciliación y la inclusión de quienes defendían sus ideas y las contraideas con las armas. La gente de Santos y ‘Timochenko’ hizo su trabajo y se firmó un acuerdo limpio y ejemplarizante. Ahora le toca al mundo de la política tradicional barrer el pedazo que le corresponde y dejar la casa limpia para la celebración final. Pasar de la retórica y el esnobismo a los hechos.

Hay políticas económicas y sociales que no comparto con el presidente Juan Manuel Santos, pero celebro su perseverancia en conseguir un acuerdo con la guerrilla. Santos hizo una apuesta estratégica y eso lo vuelve singular dentro de su clase y su entorno. Si esto termina bien, el país y los libros de historia no lo olvidarán. Timo, como lo llama la gente bajo su mando, debutó en La Habana con un discurso propio de la cultura anglosajona: breve y preciso. En tres años de negociaciones las FARC han alcanzado su punto de maduración política y acoplaron su alegato, lenguaje y estética a los tiempos que corren. La política de este siglo es como el cine: triunfa la versatilidad. Las actrices y actores que seducen a los espectadores son aquellos que saben desdoblarse sin perder su sello.

En La Habana, Santos y Timoleón ejecutaron en una sola tarde el segundo acto de un drama de cinco. El primer acto lo vienen ejecutando los negociadores desde hace tres años. El tercer acto corresponde ejecutarlo al poder público en seis meses. La refrendación será el cuarto acto y es el pueblo quien deberá ejecutarlo en un solo día. El quinto y último acto es la implementación de los acuerdos y en él intervienen todos los actores nacionales e internacionales en armonía con el público y su ejecución puede llevar muchísimos años. ¿Están listos los poderes del establecimiento para ejecutar el tercer acto en este trascendental drama histórico?

Veamos. La pasada edición de esta revista describía un panorama desalentador en el establecimiento. Cada rama del poder público anda cazando cocodrilos en su pantano. Cada alto funcionario del Estado parece atrincherado en su reducto de ideas. Puede que el choque de manos protagonizado por Santos y Timoleón en La Habana y la euforia social creada alrededor del acuerdo sobre víctimas sirvan para aplacar egos, vanidades, broncas y verborreas. El establecimiento tiene la oportunidad de aprovechar el acuerdo y el momento de alegría y optimismo que vive la nación para regenerarse y facilitar el tránsito a las mil veces aplazada modernidad.

Si las actuales clases dirigentes del establecimiento no consiguen leer este momento histórico y no toman las decisiones correctas, es casi seguro que serán quitados del medio. Serán relevados por revoluciones pacíficas o desbordadas por una violencia indefinida y extendida de naturaleza puramente criminal. Es lo que ha sucedido en Latinoamérica y otras latitudes en los últimos años. En unos casos las dirigencias obsoletas fueron quitadas de un manotazo mediante luchas sociales pacíficas y procesos electorales. En otros casos las clases dirigentes fueron sometidas al control o el chantaje de organizaciones gansteriles. Aquí no pasa nada, decían las anacrónicas dirigencias continentales hasta que el ruido y la furia los despertaron de su largo sueño.

Desde la declaración de cese al fuego unilateral la violencia política ejercida por las FARC parece un asunto del pasado, tal como lo demuestran las estadísticas oficiales y no oficiales. Queda entonces la otra violencia, la que preocupa a la ciudadanía y cuyos orígenes nada tienen que ver con la guerrilla sino con los endémicos problemas estructurales que se han agudizado con las políticas neoliberales ejecutadas por todos los jefes de Estado que han pasado por el Palacio de Nariño en las últimas tres décadas. Alguien decía por allí que el aburrimiento mata más que las balas y el alcohol.

Enlace de Revista SEMANA: http://www.semana.com/opinion/articulo/yezid-arteta-davila-firma-entre-santos-timochenko-debe-pasar-hechos/443700-3

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