Tic tac, tic tac: se acaba el tiempo en La Habana

La fase retórica está agotada. El país, Latinoamérica y el mundo urgen de Santos y Timochenko el inicio de una fase testimonial

En El Séptimo Continente un padre de familia, indiferente al grito de su esposa y al llanto de su pequeña hija, descarga un martillazo contra el acuario que tienen en casa. La escena muestra los cristales rotos y el agua derramada sobre la moqueta. Los pececillos se sacuden ante la falta de oxígeno. Pronto morirán. En el estreno de la película de Michael Haneke algunos espectadores abandonaron la sala porque les pareció horrorosamente cruel la escena de los pececillos agonizantes. A esos mismos espectadores, en cambio, no les pareció obsceno un filme – Funny Games –  del mismo director en el que dos adolescentes asesinan a una familia por diversión. Vainas de estos tiempos.

No hay noticias en La Habana sobre el cese al fuego bilateral, la suerte de los combatientes, la dejación de armas y los beneficios y garantías para la incorporación de los rebeldes. Si esto o parte de estos asuntos no se resuelven en las siguientes rondas es probable que la negociación entre el gobierno y la guerrilla acabe como los pececillos de Haneke: muerta por asfixia. Para tomar aire se requieren pulmones. En estos casos las agallas son inútiles. Un martillazo a varias manos – gobierno y guerrilla – contra la pecera. No sería un asesinato sino una expiación.

Con serenidad las partes han resistido los ataques procedentes del exterior pero no han alcanzado superar sus propios miedos e incertidumbres. Los enemigos soterrados de la paz no han conseguido, como en el pasado, erosionar el grueso cristal levantado por las partes. En esto los negociadores han sido listos. El acuerdo sobre la creación de una Comisión de la Verdad es clave para cuando se llegue hasta la boca de salida del túnel, pero lo clave ahora mismo es pasar el túnel y alcanzar un lugar en donde entre algo de luz y permita decir: salimos de esto. Es lo que espera el público.

No cabe la menor duda que, tanto Santos como Timochenko, están estratégicamente convencidos del beneficio que la paz trae para el país, para Latinoamérica y para sus proyecciones políticas. La fase retórica está agotada. El país, Latinoamérica y el mundo urgen de Santos y Timochenko el inicio de una fase testimonial. Unas decisiones de fondo, electrizantes, que animen a un público que poco a poco pierde el entusiasmo. El gobierno y las FARC están hablando pero no están comunicando. El gobierno y las FARC están hablando mediante las acciones bélicas y el sabotaje, un lenguaje que la gente maldice. El reinicio de las hostilidades consume al gobierno y a las FARC. Han elegido el peor de los caminos. Creer que con la incremento de la confrontación las FARC pueden cautivar a “las masas” y el gobierno mejorar en las encuestas, resulta condenamente peregrino.

Si los plenipotenciarios del gobierno y la guerrilla no logran pronto desatar los nudos las cosas pueden terminar mal. Santos se va pero las FARC quedan. Quedan resistiendo en el monte. Lejos de las ciudades. Las grandes transformaciones comienzan en las ciudades. Caracas, Madrid, Buenos Aires, Istanbul, Sao Paulo, Barcelona, La Paz, Atenas, Montevideo, Bogotá y un largo etcétera.

Una verdad absoluta: las FARC son indestructibles en la periferia rural porque allí tienen una base social firme, fiable. Pueden llegar a ser eternas. ¿Pero en la política de hoy tiene sentido llevar entre los dientes una carné de mera supervivencia? ¿No es mejor darle clic a las teclas que permitan reiniciar el sistema?  Un sistema que amenaza con eternizarse en Colombia.

Las FARC no están derrotadas pero si lo están las armas. En los dos últimos años las FARC han revitalizado y modernizado su programa político y pueden seducir a ciertas franjas sociales si se les brindara espacio y garantías. El programa que han expuesto en La Habana es realista, democrático e incluyente pero las armas son obsoletas. Las ideas pueden quedar relegadas si una organización cosifica, mistifica o fetichiza sus armas. La carabina M-1, el Garand, la carabina San Cristóbal y las escopetas de fisto fueron los medios con los cuales Manuel Marulanda y sus hombres hicieron de Marquetalia una épica. Para hacer una épica en este siglo velocísimo sólo hacen falta ideas, organización y líderes que sepan hablar. Para esto no es necesario un Galil o un Kaláshnikov.

La eficacia política se mide por la capacidad que tienen los líderes para detectar el sentido de la oportunidad. Lenin fue un genio de la oportunidad. A Santos se le agota el espacio y sólo Messi sabe regatear en una baldosa. No sabemos qué puede suceder en Venezuela. 2016 es un año electoral en los Estados Unidos y temas como el de Simón Trinidad y otras movidas son complicadas o imposibles con los republicanos. Aún queda oxígeno en el tanque de la Unión Europea para asumir la normalización de las FARC. El mapa político colombiano depende de las emociones y las emociones fuertes pueden llevar al país a una contingencia incierta. La izquierda colombiana se choca contra el muro del conflicto armado. Cuba que, ha padecido y aguantado sin claudicar, demanda un gesto de cortesía por parte de las FARC y el ELN. Es una oportunidad que Lenin no hubiera despilfarrado.

Hay riesgos. La política es de riesgos. Tic tac, tic tac…

Enlace en revista SEMANA:  http://www.semana.com/opinion/articulo/yezid-arteta-davila-tic-tac-tic-tac-se-acaba-el-tiempo-en-la-habana/431041-3

 

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