Del Vallejo Inocente al Galeano culpable

El caso de Eduardo Galeano, muerto el martes, es harina de otro costal. Para nada su obra fue inocente

Me tocó, por suerte, nacer en un barrio popular de Barranquilla donde las cosas se llaman por su nombre. Donde la gente mea y no hace pipí. Donde la gente caga y no hace popó. En la calle, a pie limpio y sin camisa, pateaba una bola e trapo mientras una vecina con su lengua se daba látigo con una vendedora de piñas. Bajo los almendros un barrigón defendía ante un grupo, con expresiones de que iban de mondá pa arriba, que Rocky Valdés tenía más nocaut que Carlos Monzón. Los perros ladraban y los chicos continuábamos pateando la bola.

Desde entonces mis oídos y mis ojos están entrenados para oír y ver toda suerte de diatribas. Desde las más inofensivas, como las de Fernando Vallejo, hasta las más incendiarias, como las de ciertos foristas que escriben en la sección de comentarios de esta revista.

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No sé si la obra literaria de Vallejo es buena o mala. A mí no me gusta. No por Vallejo que es un bacán sino porque me produce sueño. Cuando quiero incendiar mi espíritu panfletario vuelvo a José María Vargas Vila, el monarca de la diatriba.

En la cárcel, para matar el tiempo, leía las revistas que regalaban los evangélicos y los soporíferos informes de las oenegés. La Virgen de los Sicarios y La Rambla Paralela son los dos únicos opúsculos de Vallejo que conseguí leer hasta el final. No pude, sin embargo, con Mi hermano el Alcalde, uno de los libros más aburridos que han pasado por mis manos. El libro se lo llevó un guardián para su casa porque ninguno de los presos, entre ellos algunos sicarios de Medellín en los que alguna vez se inspiró Vallejo, pudo pasar del primer capítulo sin bostezar y roncar. Mejor una partida de dados que Mi hermano el Alcalde.

Mucha alharaca mediática ante la inocente diatriba de Vallejo lanzada en una reciente cumbre de arte y cultura. No hay que exagerar. El país que tiene el escritor paisa en su cabeza no existe. Punto. Lo que diga y escriba Vallejo no va a cambiar nada y menos en un país en donde sólo unos cuantos leen porque los libros son muy caros. No es que la gente no quera leer sino que los libros son condenadamente caros.

En el Mercat de los Encants de Barcelona se pueden conseguir por unas monedas algunas de las obras de Vallejo junto a otros títulos tales como Mis observaciones clínicas sobre el limón, el ajo y la cebolla, de un tal Nicolás Capo, que, salvo algún friki, poco o nada interesan a los lectores que crecieron entre enjambres de autores y libros.

El caso de Eduardo Galeano, muerto el martes, es harina de otro costal. Para nada su obra fue inocente. Fue un autor culpable. Culpable de abrirle los ojos a una generación que cuando niños sus padres les leían a Caperucita Roja para que se durmieran y años después leían por su cuenta El Libro Rojo de Mao. Galeano metaforizó la realidad de nuestro continente. Una Latinoamérica chorreando sangre y lodo por todos sus poros, como dijera alguno por allí.

Mi padre me lanzó, como Vallejo, una diatriba porque compré con su dinero Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano. Escuchando las diatribas del barrio aprendí el lenguaje de la calle e hice mío el sentimiento popular, pero fue el libro de Galeano lo que encendió en mí una flama de rebeldía que luego se transformaría en militancia. La literatura política es la que nos motoriza y en algunas circunstancias nos lleva a derramar la sangre propia y la ajena.

Fernando Vallejo no va a cambiar nada con sus diatribas y menos con sus libros que, vuelvo a escribir, sólo leen unos cuantos en Colombia. En cambio la diatriba de un político sí puede afectar el curso de los acontecimientos. La literatura, el arte y todas esas vainas sólo sirven para calmar el vacío existencial, la neurosis y la crispación colectiva que, por lo general, son consecuencias de los extravíos de algún un loquito que quiso ser concejal, diputado, alcalde, gobernador, congresista, presidente, expresidente…

Link en revista SEMANA: http://www.semana.com/opinion/articulo/yezid-arteta-davila-del-vallejo-inocente-al-galeano-culpable/424096-3

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