Exguerrilleros: Vivos o Muertos

El asesinato de exguerrilleros que han aceptado las reglas de juego democráticas es un mal precedente.

Parece algodón, pero es neblina. A veces se olvidan de cerrar las ventanas de las escuelas y los maestros se ven obligados a suspender las clases porque los chiquillos no alcanzan a distinguir el tablero.

Así transcurre la vida en el Páramo de Sumapaz. Frío y bruma. Allí vivió Juan de la Cruz Varela, un legendario líder campesino y guerrillero amnistiado. De linaje gaitanista, luego se volvió militante comunista. Suplente del expresidente Alfonso López Michelsen en la Cámara de Representantes. Su vida acabó en 1984. Muerte natural a los 82 años. Hizo por la región y los campesinos. En el páramo lo recuerdan.
Juan de la Cruz
En Años Interesantes cuenta Eric Hobsbawm, el más significativo historiador del siglo XX, que Juan de la Cruz Varela se formó políticamente leyendo Los Miserables de Víctor Hugo. Fue su libro de cabecera. Subrayaba los pasajes en los que veía representada su lucha. Al marxismo llegó tarde.

Bogotá, 1977. Carrera décima con calle primera. Humo y ruido. Las enfermeras cerraban las ventanas del Hospital de La Hortúa para que los convalecientes no enloquecieran. Allí murió Pedro Pablo Bello, líder agrario y guerrillero amnistiado. En los años del tropel los campesinos lo apodaron “Chaparral”. Aldeano de pies a cabeza. Era diputado de Cundinamarca por la izquierda.

“Chaparral” andaba por la calle como cualquier parroquiano e iba en  bus a las sesiones de la Asamblea. Le dispararon. El chofer -un buen ciudadano y mejor patriota– actuó tal como si fuera el protagonista de una película y lo auxilió. Hizo del bus una ambulancia y saliéndose de la ruta lo llevó  sangrando hasta La Hortúa para que lo salvaran. Lo entregó vivo. Los asesinos iban detrás y lo remataron en la sala de urgencias. No estaban filmando una serie de buenos contra malos. Todo era real. Los asesinos eran reales. No era una simulación. Murió de verdad. No lo dejaron hacer.

Pedro-Pablo-Bello-ChaparralLa lista es larga. Desde la Guerra de los Mil Días hasta el día de hoy, rebeldes que sólo confiaban en sus armas depusieron sus fierros y confiaron su vida a los gobiernos con los que pactaron amnistías e indultos. A unos se los cargaron, a otros los dejaron vivos. A Juan de la Cruz Varela lo dejaron vivir. A Pedro Pablo Bello no.

En Colombia el asesinato de exrebeldes que han aceptado las reglas de juego democráticas es un mal precedente y una de las razones para que los guerrilleros más recelosos vacilaran a la hora de llegar a acuerdos que los dejara desarmados. Temo que Tirofijo era uno de estos hombres. En estos últimos días los herederos de Tirofijo han concentrado su mirada en el futuro y han superado sus techos históricos en cuanto a concesiones de naturaleza militar. El mensaje es concluyente: no queremos seguir disparando.

Es lógico que las chicas y los chicos que se fueron al monte por razones políticas quieran seguir haciendo política sin los fierros. No los veo fabricando canastos en un proyecto agenciado por una oenegé o tejiendo manillas tricolores y sombreros de paja en un negocio de artesanías gobernado por muchachos traviesos. Los cuadros guerrilleros tienen argumentos políticos en sus cabezas y supongo que quieren hacer cosas políticas.

Hacer cosas. Cosas políticas. Pero para que hagan esas cosas políticas es lógico que deben seguir con vida. Que no los maten o que maten a unos y dejen vivos a otros. Las mentes más retorcidas querrán verlos muertos a todos. Desencadenar violencia mediante la violencia. Es lo que hemos visto hasta ahora. Guarda esa espada, contaba Mateo. Mateo estaba allí, viéndolo todo.

Los panaderos lo saben. En ocasiones el pan se quema en la boca del horno. En el horizonte se perfila el fin  del conflicto, pero aún falta un trecho para que esto se acabe. Y cuando se acabe hay que preservar las vidas de todos los excombatientes que han abandonado las armas. Es una asignatura pendiente y obligatoria. Una asignatura que hay que aprobar a riesgo de que la guerra se recicle y se vuelva eterna.
Enlace de Revista SEMANA: http://www.semana.com/opinion/articulo/exguerrilleros-vivos-muerto-yezid-arteta-davila/415543-3

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