16 M: SIN AUTOGESTIÓN NO HAY REVOLUCIÓN (diario de la acampada en Barcelona)

16 M: SIN AUTOGESTIÓN NO HAY REVOLUCIÓN (diario de la acampada en Barcelona)

Autor: Yezid Arteta Dávila

  Desde el 16 de mayo, a escasos metros de la fuente de Canaletas, el emblemático lugar donde los hinchas del Barcelona festejan los triunfos del equipo, se vienen agrupando los “indignaos”. El lugar de concentración es nada menos que el corazón de la ciudad: los 30.000 M2 de la plaza Cataluña. Sobre la escultura que representa a un hombre desnudo tratando de dominar a un caballo encabritado han colocado un pedazo de cartón que dice “Plaça Lliure” y en otra de las estatuas cuelga una tela emborronada con las palabras: Resistencia Pacifica.

Mayo. El mítico mayo. La primavera de Barcelona se manifiesta esta vez con centenares de personas en la plaza volviendo la mirada a su propia humanidad castigada por la codicia y la indiferencia de las élites financieras que, desde el último cuarto de siglo, se volvieron dictadores totalitarios. La plaza es un batiburrillo de gente común y corriente, esa misma que viaja en tren, metro, autobús, bicicleta o simplemente recorre las calles a pie. Está reunida y traba conversación una muchedumbre que aspira a una “revolución soñada” tal como reza uno de los grafitis escritos sobre hojas tamaño DIN 4 que cuelgan de las cuerdas como si fueran banderines engalanando una fiesta barrial. Si, a lo mejor es una fiesta, una fiesta por el espíritu juvenil que encarna, pero es una fiesta de la libertad y la democracia real. La multitud quiere que los gobiernos y las instituciones se parezcan y comporten como la gente de la calle.

En estos 4 días que lleva el ejercicio de participación colectiva la señorial plaza Cataluña parece un campamento de desplazados de África o un barrio de chabolas de Latinoamérica, puesto que la gente que allí pernocta ha improvisado tiendas con los mismos elementos con las que construyen sus viviendas millones de miserables en el mundo: cartones recogidos en los contenedores de basura, tarros de plástico, ollas desportilladas, jirones de tela, pedazos de cuerda…

La masa humana reunida en el centro de Barcelona es absolutamente heterogénea y se puede observar entre ella a jóvenes universitarios, enfermeras de un hospital, pensionados, músicos callejeros, propietarios de pequeñas tiendas, limosneros, trabajadoras sociales, artesanos, comerciantes, ladrones de baratijas, maestros de escuela, bailadores de flamenco, conductores de taxi, artistas, desempleados, cajeras de supermercado, jugadores de ajedrez, pastores de ovejas, propietarios y clientes de bares…en fin, allí, sobre las losas de la plaza Cataluña,   están los que dicen con dignidad: ENS HEM CANSAT D’AGUANTAR I NO DIR RES (nos hemos cansado de aguantar y no decir nada)   

En la próxima crónica: Cómo está organizada la gente del 16M

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