LEYENDO POR LA IZQUIERDA, LEYENDO POR LA DERECHA (Una reflexión sobre el sectarismo)

LEYENDO POR LA IZQUIERDA, LEYENDO POR LA DERECHA

Yezid Arteta Dávila

 Estamos próximos a cumplir medio siglo de aquella proverbial cita de los intelectuales latinoamericanos donde  debatieron sobre la “Literatura en la Revolución o Revolución en la Literatura” o dicho de otra manera: el papel y el compromiso de los intelectuales dentro de la impronta revolucionaria que enfebrecía a América Latina en ese entonces. Menciono esta polémica de finales de los sesenta a propósito de la recomendación que vengo haciendo a algunos amigos con relación a la reciente obra de Mario Vargas Llosa: El Sueño del Celta. Como era de esperarse, los más radicales detractores de las posturas ideológicas del Nobel 2010, me enviaron a freír espárragos, amen de que juraron y rejuraron que por ninguna razón estarían dispuestos a gastar un céntimo en un libro escrito por semejante personaje. En resumidas cuentas no iban a perder el tiempo leyendo a un escritor de “derecha”.

No recuerdo quién, pero creo que fue una amiga catalana, de aquellas que leen por el lado izquierdo, me recomendó a finales del año pasado leer la novela Inés y la Alegría de Almudena Grandes, titulo que recrea la fallida invasión del valle de Arán en el otoño del 1944 por parte de unos cuantos miles de combatientes pertenecientes a la Agrupación de Guerrilleros Españoles, los cuales pretendían derrocar a Franco. La recomendación vino acompañada de una energica defensa de la obra literaria de la escritora madrileña y para que no quedaran dudas acerca de la relevancia de sus escritos dijo que, Almudena Grandes, era una destacada militante de las causas de izquierda. El día de mi cumpleaños, recibí de manos de un gran amigo – por cierto un estupendo lector – un pesado y voluminoso paquete. Vaya sorpresa que me llevé cuando al abrirlo me encontré con Inés y la Alegría, un volumen de pasta dura y estupendamente presentado. Mera casualidad o acuerdo en sotto voce entre dos militantes de izquierda. Aún guardo la incógnita.

¿A donde quiero ir? Voy al grano: la calidad literaria nada tiene que ver con el quehacer político o la vida pública del escritor. No hay una lógica que haga pensar que la calidad artística está en correspondencia con el razonamiento político e ideológico de un autor. La lucidez de un relato nada tiene que ver con insinuaciones de derecha o izquierda. Se puede estar a favor o en contra de lo que opina Vargas Llosa sobre los acontecimientos de Latinoamérica pero difícilmente se podrán encontrar flancos débiles o improvisaciones en su dilatada obra literaria. A mi modo de ver nadie escribe mejor en castellano como lo hace Vargas Llosa. García Márquez parece haber colgado los guantes desde hace mucho rato y Roberto Bolaño, la gran promesa, murió hace más de un lustro. El Sueño del Celta, es un memorial de agravios, un manifiesto de los Derechos Humanos, un tratado sobre la esclavitud en el siglo XX, un paradigma de la lucha y la perseverancia, una guía para quienes luchan por sus ideales hasta la tumba…

El Sueño del Celta es el parto de un consagrado escritor que trata de conseguir a lo largo de la narración el máximo refinamiento para volver verosímiles a cada uno de los personajes que por ella aparecen. Se aprecian y huelen las llagas de los congoleños mutilados por el acero de los explotadores belgas. Se percibe el sudor de los indígenas amazónicos sometidos por los desalmados caucheros de la Casa Arana. El Sueño del Celta es tan buena como El Corazón de las Tinieblas de Josep Conrad o La Vorágine de José Eustacio Rivera, dos inmortales obras que detallaron respectivamente las profundidades del Congo y los sinuosidades de la selva amazónica. Los diálogos entre Roger Casement, el patriota y luchador irlandés y personaje central de la obra de Vargas Llosa, con su carcelero antes de ir a la horca son una lección magistral de literatura. El Sueño del Celta posee más credibilidad y contundencia que catorce mil informes de organizaciones defensoras de los Derechos Humanos.

No puedo decir lo mismo de Inés y la Alegría, el libro de Almudena Grandes que, gracias a una eficaz campaña de marketing dirigida por el editor, se ha vendido en las librerías españolas como quien vende panes acabados de salir del horno. Los personajes de ficción parecieran venir de una telenovela y son condenadamente inverosímiles, tales como una esplendorosa amazona montada a caballo y pistolón al cinto, quien es capaz de dominar o convencer en un santiamén a guerreros que se comportan como meras marionetas. Es común encontrar en Inés y la Alegría un sinfín de diálogos insulsos que al parecer sólo van dirigidos a engordar las páginas del libro y que nada aportan al lector. Describir una campaña militar requiere de mucha investigación, rigurosidad y paciencia. Para un lector que por alguna circunstancia le tocó conocer las vicisitudes de una confrontación armada, la narración de Almudena Grandes, le puede arrancar una risotada o una maldición, pues es tal el grado de ingenuidad de la autora para referir episodios que hacen parte del abecé de todas las guerras desde los tiempos de Sun Tzu. Se pretende contar un escabroso episodio de la historia de España a través de una construcción narrativa que parece importada de las peores películas de guerra del cine norteamericano.

Coda: Seleccionar las lecturas sin tener en cuenta que la mano que las escriben sea la derecha o la izquierda.

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