PÁGINA DE UN DIARIO DE GUERRA

Página de un “Diario de Guerra” que reposa en la mochila de combate de un soldado o un guerrillero colombiano….

Faltan pocos minutos para las seis de la mañana y la Unidad Táctica de Combate compuesta por dos parejas de guerrilleros empleó un poco más de dos horas para llegar sigilosamente hasta el lugar donde acampa, desde la tarde anterior, un patrulla de la Fuerza Omega. La espesura de la selva impide que los cuatro rebeldes posean suficiente campo visual para divisar a los hombres del ejército, sin embargo el responsable del comando hace una señal con la mano indicando que es el momento de atacar. Dirigen el cañón de los fusiles Kalashnikov en dirección al grupo de contraguerrilla, y colocando el selector de las armas en la muesca que indica el modo automático, los guerrilleros disparan simultáneamente desde un promontorio de tierra y un árbol caído que han escogido de parapetos. La reacción de los soldados no se hace esperar y responden con gran volumen de fuego. Los fusiles de asalto vomitan proyectiles calibre 5,56 que buscan la carne del enemigo y simultáneamente el ametralladorista barre con fuego nutrido un flanco desde donde cree que proviene el ataque. Dos estallidos de granadas de 40 milímetros castigan los oídos de los combatientes de ambos bandos. Todo esto sucede en menos de un minuto. Luego viene un silencio que permite a los guerreros buscar abrigo contra el fuego enemigo. Los cerebros trabajan rápidamente intentando dilucidar lo que está sucediendo. El oficial de la patrulla verifica con la vista que no hay solo herido entre sus hombres y por tanto ordena un movimiento por los flancos. Mientras los soldados avanzan en cortina, los cuatro guerrilleros han retrocedido hasta una especie de vaguada donde se tienden y esperan. Al cabo de unos minutos comienza a llover y cuando todo parece indicar que la naturaleza se encargará de disuadir a los combatientes, se origina una ráfaga de fusil cuyo sonido se confunde con aquel que provoca la caída de un árbol vencido por los años. Es un soldado que ha realizado un reconocimiento por fuego con su fusil de dotación. De inmediato se escucha una seguidilla de disparos provenientes de un fusil en modo de repetición. De repente una gran explosión sacude la vegetación. Alguien grita. Se escuchan maldiciones. Un soldado ha accionado con su bota el mecanismo de una trampa explosiva que a la postre le ha destrozado el pie derecho. Segundos después del estallido los guerrilleros se levantan y caminando atropelladamente en posición semiflecta se dirigen hacia un punto de encuentro que previamente han acordado. En la retirada uno de los cuatro hombres recibe dos impactos de bala: uno le ha arrancado un pedazo de carne de la pantorrila izquierdo y el otro le ha destrozado el codo derecho . Las heridas son escandalosas no obstante el guerrillero puede continuar la huida por sus propios medios. Pasan tres horas y ninguno de los soldados o guerrilleros ha probado un bocado de alimento y cada bando procura atender a su respectivo herido de la manera que puede. A lo lejos se oye el ruido que generan los rotores de dos helicópteros. Son dos Black Hawk artillados y desde las alturas los servidores de las ametralladoras baten la selva con ráfagas prolongadas. Un guerrillero apunta su fusil hacía el cielo pero el follaje de los árboles no le permite distinguir a las naves y opta por proseguir la marcha junto a sus compañeros. El soldado herido ha podido ser evacuado en uno de los helicópteros mediante una complicada maniobra que, si no fuera por la sangre, el dolor y las lagrimas, se podría pensar que todo es mentira y que se trata de la filmación de una pelicula de guerra. No ha parado de llover y los uniformes de fatiga que visten los combatientes atrapan agua, lodo, sudor y sangre. 

Situaciones similares a las descritas en este “Diario de Guerra” suceden entre 4 y 5 veces cada 24 horas en el territorio colombiano. La mayoría de estos hechos transcurren en lugares remotos de la geografía nacional. Comarcas en las que sólo se encuentran algunos ranchos dispersos habitados por colonos y  campesinos cocaleros y donde nunca llega un corresponsal de prensa con su cámara o su grabadora para informar al resto de colombianos. Los únicos testigos de estos terribles hechos son los propios actores que participan de ellos: soldados y guerrilleros. Este es el tipo de guerra que diariamente se libra en Colombia aunque la inmensa mayoría de colombianos lo ignore.

Yezid Arteta Dávila

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